De qué va

El Festival de Cans es un festival muy especial. Los que lo hacemos siempre decimos que posiblemente non sea el mejor festival del mundo, pero sí el más diferente. Cans se celebra siempre el tercer o cuarto fin de semana del mes de mayo, coincidiendo con nuestros primos de Cannes en Francia. Con ese paralelismo entre los dos nombres empezó un día como una broma el Festival de Cans. Era poco menos que un juego fonético, pero poco a poco todo fue cogiendo una dimensión que nos sorprendió. Desde el año 2004, al que asistieron 500 personas en una tarde de sábado, empezamos a acoger visitantes sin parar, y ya estamos por encima de los 13.000 espectadores que ahora recibimos en los cuatro días que dura el evento.

Cans es un festival de cortometrajes de producción gallega, donde la música también juega un papel muy relevante. Durante el festival, la aldea se transforma completamente. Hay diez espacios que se convierten en salas de proyección, y que durante el año son bodegas, galpones, bajos de casas o casas viejas deshabitadas.

Otros espacios, como placas de casas en construcción, gallineros, camiones o fincas se convierten en lugares para actuaciones musicales y actividades paralelas. Y la gente se traslada frenéticamente de un lado a otro en chimpín -los pequeños tractores domésticos- como si estuviesen viviendo en un filme de Kusturica.

La broma fue convirtiéndose en un gran punto de cita de público y profesionales. Además de festival de cortos hay estrenos de filmes y documentales, coloquios con cineastas, rutas sonoras y un montón de actividades que se reparten entre la aldea y el núcleo urbano de O Porriño. Durante unos días, Cans se convierte en un espacio en el que se produce un terremoto cultural. Frente a la sofisticación y el glamour de la Costa Azul, nuestro festival ofrece altas dosis de autenticidad y diversión en el medio de los campos. Es lo que se llama Agroglamour, la esencia que define al evento.

El Festival de Cans toma por completo la aldea. El Torreiro (la plaza de la iglesia), se convierte en el centro de la fiesta donde tienen lugar los conciertos y la entrega de premios, la carretera central se corta y se convierte en el Cans Voulevar, lleno de música y regalos, el Parque del Río pasa a ser el Espacio Minicans dedicado a los niños y en todos las esquinas hay una programación intensa y diversa de cine y música. Los espacios cotidianos pierden su privacidad y los vecinos y vecinas los ceden para el uso público por unos días. El Cubierto de Chelo, el Cubierto de Pato, el Bajo de Carlos, el Bajo de Alfonso, la Casa de Pedreiro, el Galpón de Alicia, el Bajo de Carreira, la Casa de Mari, el Bajo de Bugarín o el Bajo de Moncho se convierten en salas de proyección transformadas por las pantallas construidas en la aldea por los carpinteros Silvino y Juan Maceira, y por la hierba empacada y las tablas donde se sienta el público a ver los filmes.

Hay cortos de ficción, de animación, documentales, concurso de videoclips o webseries. La creación gallega más emergente pasa por Cans, que se convierte en la gran plataforma de visibilidad de los nuevos creadores. Cans es una mezcla que no es fácil de definir pero ante todo una experiencia maravillosa que hay que vivir. Por eso todo el mundo repite. Si vienes un año, seguro que vuelves. Esa es una máxima infalible.